Área de identidad
Código de referencia
Título
Fecha(s)
- 1924 (Creación)
Nivel de descripción
Agrupación por soporte
Volumen y soporte
Papel con información manuscrita a pluma tamaño 22 x31 cm y fotografías monocroma al gelatino-bromuro de plata en diferentes tamaños (indicados en el alcance).
Área de contexto
Nombre del productor
Nombre del productor
Nombre del productor
Institución archivística
Historia archivística
Origen del ingreso o transferencia
Área de contenido y estructura
Alcance y contenido
La transformación de la vida material y su indiscutible progreso al establecerse la fábrica de fundición fueron enormes. La Compañía de Águilas construyó un tren de vía estrecha para unir Mazarrón con el Puerto, mejor diré las minas con el muelle y con la fábrica de fundición. La carretera del Puerto á Mazarrón, que se unía por Totana con la red general de carreteras del Estado, quedó terminada (y dirigida por mi tío D. Agustín Juan y Ruíz). Se construyeron dos nuevos muelles (pues antes solo existía el que hay junto al monte del Faro, propiedad de los Sres. Gómez) para el embarque del mineral de la Metalúrgica. Se construyó un buen hotel con un magnífico jardín para el ingeniero alemán director de dicha Compañía en el monte formado por el murallón que rodea la bahía. Se instaló (en este hotel tan solo, en la fábrica y sus dependencias y en las casas de sus empleados superiores) la luz eléctrica. Para dar salida á la escoria de esta fábrica, se construyó un malecón hasta el monte de la Arena, y después poco á poco el gachero que rodea al monte del Faro por su parte occidental, desde el volado monte Caracol hasta la cala del Vino hoy poy hoy, resultando dos hermosos paseos; y algunos años después, el puerto de pescadores, llamado Puerto Piojo en el indicado gachero. Se creó una Cooperativa para los obreros de la fábrica. Se trajeron aguas y se construyeron las dos fuentes actuales, á beneficio de la Compañía y explotadas por ella. El comercio marítimo adquirió extraordinario auge, siendo frecuente ver en la bahía de 15 á 20 veleros y 4 y 6 vapores. Las nuevas edificaciones aumentaron considerablemente el área del poblado, sobre todo por la playa y por el N.E., donde se creó el barrio de la Molineta ó Repistón, verdadero ensanche del Puerto (teniendo presente que la última casa de la playa en el verano de 1885 era la que actualmente es de D. Vicente Fuenmayor, ahora casi en la mitad del moderno paseo de Cánovas del Castillo, paseo que también debe su origen á la Compañía Metalúrgica). Y por fin, aprovechando las aguas de los lavados del mineral de la fábrica que parece adquirían así propiedades medicinales, se construyeron baños en dicha fábrica, que utiliza el público por módico precio.
La epidemia del cólera, que este año 1885 causó tantos estragos en la provincia de Murcia, acreditó bien á las claras las condiciones higiénicas y salubres del Puerto, pues aunque en Mazarrón hizo bastantes víctimas, en el Puerto produjo cuatro, á pesar de ser nulas en este poblado las ordenanzas de policía urbana, pues todavía transcurrieron varios años hasta que se generalizaron los retretes en las casas pequeñas, y aun en la actualidad se vierten en plena calle aguas sucias y detritus de todas las clases, prescindiendo del varadero, parte baja de la Muralla, el pié del faro y otros sitios análogos, que son verdaderos focos de infección.
El año 1886 (en que por cierto entonces se edificio el piso principal de mi actual casa, que antes solo tenía una habitación en alto) funcionaba ya el tren entre el Puerto y Mazarrón, excelente vía de comunicación, que facilita y hace frecuentísimo y cómodo el intercambio entre ambos poblados, sobre todo en verano. Seguían veraneando las mismas personas y familias en Mazarrón, Alhama y Totana, y algunas de Lorca, Murcia, Cartagena, etc, en esta playa, y se alojaban indistintamente en casas distribuidas por todas las calles del Puerto, tales como las de la Corredera, Cruz, Carmen, Escorial y San Vicente, que hoy día no tienen aceptación ninguna por los veraneantes de ahora, siendo preferidas las de la calle Mayor, cuyas espaldas dan al mar, y las de la calle del Progreso. En casa del médico D. Antonio Sáez había numerosas reuniones concurridísimas por la colonia veraniega, en busca de un solar, no siempre refinado y culto. También este año se fundó el Casino, en el sitio mejor del Puerto entonces, ó sea en la calle Muralla, en una casa construida al efecto por los Sres. Gómez. Por supuesto, el Puerto ya constaba entonces con oficina propia de Correos y Telégrafos, reunidos hasta hace cinco años en el mismo funcionario.
Este año 1886 apareció en el Puerto un nuevo factor, que á pesar de la escasa duración de su influencia, dejó algunas huellas tristísimas y apenadoras para una dignísima familia. El diputado a Cortes por Almería (de donde era natural) D. Sebastián Pérez (por cierto antiguo favorecido de mi padre y de modesta extracción social, como él mismo tenía la noble franqueza de reconocer cuando venía á cuento), compró las salinas y su añejo? la isla de Adentro, en la edificó una casa de planta baja con pequeño jardín. (...)
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