- Agrupación por soporte
- 1936?
Parte de FONDO FOTOGRÁFICO
...sitantes fumadores el clásico cigarro de la hospitalidad; y aunque tienen modernas cajas de cigarros, se reservan los dueños su uso, ignorando que el fin primordial de las cajas es poner su contenido á disposición de los visitantes; á los que tampoco suelen invitar á las golosinas que á su vista toman, limitándose á un "¿V. gusta?" (...) y falta de obsequiosidad es propia del carácter murciano, nada refinado). Me brindé á predicar gratuitamente un sermón (ante la desdichada predicación de Agustín...); no se aceptó mi oferta. En las visitas no suelen levantarse las señoras (sí algunos hombres) á la entrada de un sacerdote; y en los entierros y otros actos semejantes (...), como en todas partes, el puesto de preferencia, por lo que yo me abstengo de concurrir á tales actos. Las salas de las casas suelen ser habitaciones reservadísimas (...); en cambio los despachos, habitación netamente masculina, sirven á las mugeres para hacer labores y recibir sus visitas. El pasado año, un chico forastero, de... -gridísima familia, que se hizo novio de una chica de aquí, sin duda invitado por la familia de la novia, hablaba con esta en mangas de camisa, (...) en una butaca y con los pies en una silla; estas insólitas confianzas, de que con seguridad él era incapaz espontáneamente, la produgeron la natural desilusión, así... con esa cómoda postura se dormía plácidamente al lado de su novia, y al fin quedó mal con ella. (Y estas franquezas no son modernistas, pues mi tía Adela me contaba... tiempos juveniles que una muchacha de aquí introducía los dedos de sus manos entre los dedos de sus pies y se los hacía oler á su novio diciéndole: «—Fíjate qué olor más (...)».
La gente de aquí gusta mucho de que la sirvan y complazcan (y no retroceden para ello ante las mayores y más repugnantes bajezas); pero, obtenido lo que... sean, se niegan á corresponder debidamente; recordando ahora el caso ocurrido á Don Rafael Calvo, que, después de haber complacido en mil impertinencias á una pretenciosa vecina, la pidió en una ocasión que guardase unas horas en su casa á una cabrita suya durante un viage, y tuvo la tal vecina la desfachatez de negarse á ello. Se rechazan aquí, y se hace gala de ello en la gente principal á los animales domésticos (gatos, perros, etc.), que hacen el encanto de toda gente culta; más bien se los maltrata, aun cuando tanto tienen que aprender de ellos. Las mugeres son las que gobiernan las casas, sin pedir ni admitir consejos; los maridos suelen ser verdaderos Juanes Lanas?. Las casadas de aquí que no viven en el Puerto, si tienen para ello medios de fortuna, haciendo las inclinaciones debidas, sino siempre (...). En sus relaciones con los forasteros son estos vecinos muy impresionables; rechazan porque sí á algunos distinguidos (como Don Lorenzo Goicoechea, Don Francisco de Paula (...), Don José González Rubio, etc.), é intimar en cambio con desconocidos y aventureros, que son verdaderamente (...). Verdades es que aquí se aborrece á todo lo que huele á aristocracia (recordemos lo que escribí al principio de esta obra), odiándolo que no se tiene, pero que se envidia; recordando al efecto la alegría poco disimulada con que (...) rico de aquí acogió hace pocos años la (...) expoliación de los bienes patrimoniales de la Grandeza de España; olvidando estos nuevos ricos que cuando llueve, llueve para todos, y que en las revoluciones se cometen multitud de crímenes, atropellos é injusticias, pero, por Providencia divina, también se llevan á cabo (...) justicias, que en periodos normales son difíciles de realizar. Y como botón de nuestra de la bien conocida cobardía del elemento masculino del Puerto (que (...) demasiado, pero es incapaz de morder) citaré el caso de que, al excitar yo á un chico á que repeliese con mano dura ciertas críticas contra él, me contestó (tenía 17 años): «—Eso no, don Agustín, porque si yo doy una bofetada, también me pueden á mi dar otra» frase que es todo un poema revelador de la valentía (...). Aquí es corriente la más odiosa ingratitud; (...) la familia Gómez y Paco García, que tanto dinero han distribuido á esta gente, y reciben bien negro (...). No gusta molestarse para corregir algo, sino espiran á que todo se les dé comido y digerido. Dispuesto este personal á explotar á los forasteros, es corriente (...), sin embargo, hasta lo requerido por la más elemental hospitalidad; como ocurrió en una boda, donde, viendo que un chico veraneante comía dulces, cierta (..) señora exclamó: «—No está bien que los forasteros quiten los dulces á los del Puerto». y el día que Luis Chápuli se marchaba hace dos años, al pagar las pastas que consumía como merienda todas las tardes, como importase 2 pesetas y 10 céntimos y no le conviniese cambiar, dijo que solo tenía sueltas 2 pesetas, y ell (...) (en persona, no son dependiente) quitó entonces pastas por valor de 10 céntimos. Doña Teresa Gibert, finísima señora catalana que residió aquí varios años, fué víctima de incontables groserías de estos pretensiosos (...), entre ellos la de que cierto día que obsequiaba en su casa á varias visitas, la introdugeron en la sala un (...) ¿Y qué diré del afán de mentir en este pueblo, del modo más descarado y con la más inverecunda fantasía, y lo mismo por altos que por bajos? Claro que á nadie engañan, y solo excitan á (...) relaciones como la de los románticos amores de uno de estos ciudadanos con una hermana del insigne Don Antonio Maura, á la que, siendo grumete, visitaba subiendo á su balcón por una escala desde un barco en Barcelona (¡!): la travesía, nadando, desde la bahía (...), efectuada uno de estos últimos veranos por una marquera? madrileña, que solo existió en la imaginación del (...); la fantástica ven-
