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de puerto para obtener el nombramiento de patrón de pesca y me lo rogaron que los recomendara al Sr. Gaztambide, á lo que accedí gustoso. Pues bien, los tales pescadores, que habían tenido ocasión de enterarse de mi intervención con el Ministro á favor del Sr. Gaztambide, tuvieron el poco talento de decir en Capitanía, en voz tan alta que la oyó hasta el ayudante: «—Nosotros estamos ya aprobados, porque nos ha recomendado Don Agustín de Soroa, que manda en Don Francisco, porque es quien le tiene colocado en el Puerto». Molestado el Sr. Gaztambide por tan estúpida jactancia y tan ruda imprudencia, me la hizo saber en el acto; y motivó que yo, indignado ante tal falta de delicadeza indisculpable aun por la mayor ignorancia, tuviese que rogar al ayudante que diese por retirada la recomendación que le había hecho á favor de tales pescadores.

Con gran empeño me rogó el año 1921 persona á quien tenía verdadero gusto é interés en complacer que recomendase á mis primo Don Pedro García Berisso, abogado asesor de la Constructora Naval en Cartagena, á un oficial carpintero del Puerto para que ingresase en esta importante sociedad, cosa que no se consigue con mucha facilidad. Dicho carpintero, hermano de una persona á quien quiero mucho, también me lo rogó con verdadero interés, alegando justamente que para él podía ser esta colocación el comienzo de un porvenir muchísimo más productivo del que podía aspirar en el Puerto, en vista de todo lo cual yo le recomendé con verdadero empeño. Dieron resultado nuestras gestiones y fué admitido en Julio del pasado año, yéndose a trabajar al arsenal muy agradecido y rebosando, al parecer, de entusiasmo. Pues bien, á los ocho días de haber ingresado en la Constructora Naval, sin contar conmigo para nada, y sin despedirse siquiera del Sr. García Benisso, al que se debía el destino, lo abandonó y renunció a él, viniéndose al Puerto á seguir trabajando en la misma carpintería en que antes trabajaba y ganando 5 pesetas, cuando en la Constructora Naval ganaba ya 9, dándome al verme como razón que no le tenía cuenta el (...) y que estaba mejor en el Puerto. Claro está que fué crasísimo disparate abandonar tan buen destino, donde efectivamente tan buen porvenir se le ofrecía, y seguramente fué debida su loca resolución a las funestas sugestiones (que conozco muy bien) de su ignorantísima madre, que parece que se ha propuesto destrozar el porvenir de sus dos hijos con la más imprudente buena fé. Pero ¿no pudo haberlo pensado antes? ¿qué más quería el carpintero? Su conducta fué, en honor a la verdad, muy reprobada por su hermano (víctima también de las intemperancias de su madre); pero me impide que vuelva á recomendar á nadie, por lo menos del Puerto, ni á mis parientes, ni á la Constructora Naval, en vista de una informalidad tan grande como poco comprensible.

Fotografía 300: Muelles de arriba. 1921.Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,1 x 10,3 cm.
Fotografía 301: Vista general desde los muelles de arriba. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6 x 10,8 cm.
Fotografía 302: Vista desde el muelle de arriba. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6 x 10,4 cm.

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Otro defecto, que no puede por menos de reconocerse en la gente del Puerto es la cobardía. Tiránse? a muerte unos á otros por la espalda, dirigense (sic) los mayores improperios; perjudicarse en todo lo perjudicable unos á otros; no haya cuidado que vengan á las manos. Si esto supusiese virtud sería digno de toda clase de loares, pues supondría el reinado de la verdadera caridad cristiana. Pero no es esto; y la prueba, como digo, está en que, á mansalva y resguardados por la ausencia, se desuellan unos a otros, y ya he hablado sobradamente de los odios, envidias y chismes del ambiente; de modo que no es humildad ni caridad, es sencillamente falta de calor perfectamente manifiesta. A la espalda, cuando hay resentimientos, se echan mil bravatas, y hasta se habla de disparar tiros de matar, etc, pero al verse los adversarios, no se tenga cuidado, que no ha de llegar la sangre al río. Se dirige una grave injuria á un jóven, y al manifestarse sorpresa al ver que se aguanta la contumelia, contesta el afrentado, que se ha aguantado por no comprometer á su padre. Hermosísimo sería todo esto hecho por santa virtud cristiana, pero desgraciadamente no se obra así más que por cobarde timidez; y en esta afirmación no hay temeridad, porque si fuera virtud, no estaría sola, sino acompañada de otras; y sobre todo, no habría odios ni traidoras y a leves habladurías, que suponen mayor perversión por lo frías y estudiadas que los acometimientos personales, que tendrían la atenuante del arrebato y la obcecación. Hasta los chiquillos en sus disputas, ofrecen un síntoma típicamente curioso y revelador de esto que afirmo; porque no dicen, como en todas partes: «—Me cago en ti», sino: «—Mira, me voy a cagar en ti». ¿Puede caber esta virtud en personas que hallan verdaderos horrores de otras con quienes van siempre, ó muchas veces, juntas? No es virtud, no (como observamos fríamente los conocedores de este personal) que en las grandes aglomeraciones de gente y en las dimensiones entre trabajadores no haya peleas; es solo cobardía; como igualmente es cobarde timidez el temor á la soledad por sitios retirados (por otra parte muy seguros y vigilados por los carabineros), y la tendencia á huir en cuanto se crea peligroso, aunque se trate de auxiliar a alguien. No es humildad el sentimiento que les permite sufrir en ocasiones las más injustas vejaciones y no pequeñas injustificadas suposiciones; es miedo y servilismo, pues podrían, y aun debían protestar de ciertos abusos, que en otros sitios resultarían inverosímiles y de los que después me ocuparé. Así se explica que, cuando hace unos pocos años y como consecuencia de la pertinaz sequía había gran escasez de agua en las dos fuentes públicas, se tolerase y aguantase que la poca agua que del depósito venía no llegase á las fuentes sino en las horas más tempranas de la mañana y con molestia grande para el público, por emplearse este agua en el riego...

Fotografía 303: Vista desde el muelle de arriba. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,1 x 10,7 cm.
Fotografía 304: Vista desde el muelle de arriba. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,2 x 10,7 cm.
Fotografía 305: Barracón para el remate del pescado. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5 x 10,5 cm.

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Acto de la cooperativa de la madera Santo Tomás. Reverso: sello con fecha, 30 Nov 1970

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Maquinaria. En reverso: 30 nov 1970

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