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Hay que advertir, aunque sea de paso, que no hay gente como la de que trato que sea más proclive á sentir el escándalo farisaico, en un afán á ver malicia en todo y en un general manifiesta mala intención, tan patentizada en estas malévolas habladurías. ¡Cuánto gozan los tales en destruir la más intachable reputación! ¡Qué placer más incomprensible el de sembrar la duda y la discordia! ¡Con qué deleite tan mal sano se acojen(sic) en estas tertulias las más absurdas patrañas, con tal de que puedan ser perjudiciales para alguien, alto o bajo! Conozco á uno de estos detractores (por cierto persona de carrera) que adquirió ¡aun en Chismópolis! tan grande y merecida fama de hablar mal de todo el caía bajo el filo de sus archifemenina tigera (sic), que cuando en una oración, y por rarísima excepción en tal caballero habló bien y elogió á una persona, motivaron tales elogios las críticas posteriores del auditorio, por pensar y raciocinar así: «—¿Qué habrá entre ellos, si Don Fulano, que habla mal de todo el mundo, habla bien de este? ¿Porqué será esto?», es decir, que las alabanzas de tan encallecido numerador? manchaban aún más que sus críticas. Es muy grande, repito, el placer que estos infortunados detractores experimentan en pulverizar toda relación santa buena, pero cariñosa entre dos personas, y en infamar á los que hacen objeto de sus críticas. ¿Qué se toma cariño á un niño pequeño y se le quiere proteger? Es que es hijo del protector, según estas infames críticas y hasta se llevan en cuenta los meses de la gestación, á ver si pueden aportar un nuevo indicio. ¿Que el protegido es un joven? No hay entonces duda para estos indignos habladores: es que entonces median entre protector y protegido relaciones homosexuales, y hasta hay quienes dicen haber presenciado ambos actos torpes, que de ser ciertos, se hubieran seguramente realizado con la clandestinidad correspondiente (y esto sin perjuicio frecuentemente de que el detractor esté dispuesto á que su hijo suplante al criticado protegido, aun en los vergonzosos actos que le atribuye con tal de medrar con tal protección), ó bien si la edad de ambos lo permite, también se atribuyen relaciones de paternidad. Para estos individuos no hay cariño puro y espiritual, en todo tiene que aparecer la más casual concupiscencia. Y excuso decir que en todo se compromete gravemente la honra de las mujeres, á cuya costa se quiere explicar todo. Ni hay mujer honrada, ni relaciones puras y santas entre hombres y mujeres, si aun entre personas del mismo sexo para estos depravados maldicientes que á semejanza de los fariseos, ven la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el suyo; pues la mayor parte de los que en todo ven casos malos y hablan así, tienen, y no poco, por que callar, pues unos están amancebados, otros son jugadores, los hay que son maridos...

Fotografía 271: Peñasco de Yuyú. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,2 x 10,5 cm.
Fotografía 272: El Peñasco de Yuyú. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,2 x 10,7 cm.
Fotografía 273: Frente al merendero de Navarro. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,3 x 10,8 cm.

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Acto inaugural nave de carpintería de la cooperativa de la madera Santo Tomás. Reverso: sello con fecha, 30 Nov 1970

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Acto de la cooperativa de la madera Santo Tomás. Reverso: sello con fecha, 30 Nov 1970

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complacientes, no faltan sodomitas, explotadores del pobre y deudores de las ganancias de los que dependen de ellos, otros han adquirido su fortuna por medios ilegales y hasta penables, etc. Sucede, por ejemplo, que se reúnen cuatro personas á criticar en una tertulia, se levanta una de ellas, y las tres restantes comienzan a desollarla. Los que pasean en el verano por delante de las tertulias establecidas en las puertas de los círculos, bien pueden tener la seguridad de que en las tales tertulias les confeccionan en el momento abrigados trages (sic) con sus afiladas tijeras. ¿Qué más? Se sentaba inocentemente cierto sacerdote el verano anterior por las tardes en la puerta de la Peña, y cruzando las piernas, enseñaba una porción de pantorrilla, por llevar cortos los pantalones para que no asomasen bajo la sotana, cosa que en ninguna parte ha llamado la atención, y menos entre hombres; pues bien, en la Peña chocaba y escandalizaba farisáicamente esto; señal por otra parte muy significativa de cosas no muy varoniles y sí muy vergonzosas.

Y claro está que como todo murmurador de oficio, además de envidioso es cobarde, llevan estos su cobardía hasta el extremo de valerse con frecuencia de los anónimos, tan usados en este pueblo para los fines más malévolos y para desprestigio suyo. Conservo uno en mi archivo, dirigido a mí el año 1920 contra un chico de 16 años, á quien quería mucho y trataba de proteger, denunciándome para desprestigiar y perjudicar a dicho chico, ciertas aventuras que con dinero mío había realizado en reciente viaje a Cartagena, según el vil autor del papelucho; falsedad que quedó plenamente probada porque el tal muchacho había ido por orden mía acompañando á un angelical niño, de quien ni un momento se separó, según manifestación y testimonio del mismo niño. Es de admirar la hipocresía de estas gentes chismosas, que hieren traidoramente por la espalda, mientras que á la cara lamen y adulan, y hasta fingen gran indignación por lo mismo que ellos hablan á la espalda. así es que es corriente que al hablar con cualquiera de estas personas de estos gravísimos defectos de la gente del Puerto, contesten dando la razón y lamentándose á su vez amargadamente; lo que haría suponer que era una excepción el interlocutor; pero como lo mismo sucede con todos y cada uno de los que se habla, resultaría, según esto, que todos eran excepciones, pues todos hablan mal del Puerto y que la regla general era un ente de razón que no tenía realidad, por no tener ni quien aplicase?; fenómeno curiosísimo observado también por un digno funcionario que ha vivido en el Puerto bastantes años, y al mal, como á mí, ha chocado mucho la facilidad con que todos estos vecinos son los primeros en cen?...

Fotografía 274: Desde el peñasco de Yuyú. Firmado a mano por F. Martín Ayllón. Tamaño: 6,1 x 10,5 cm.
Fotografía 275: Playa y punta del Mojón. Firmado a mano por F. Martín Ayllón. Tamaño: 6,1x 8,5 cm.
Fotografía 276: Isla Plana desde el Mojón. 1920. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,6 x 10,9 cm.

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