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- 1922
Parte de FONDO FOTOGRÁFICO
y porque ocupaba cómodo sillón en la puerta algunas tardes en unión de un chico del Puerto, que es muy querido de dicho aristócrata (lo que despierta la envidia y las consiguientes crueles críticas por parte de sus nada caritativos paisanos). ¿Cómo es, pues, posible que las personas de elevado plano social y de refinada educación no tenga que huir de tales sociedades, asqueados también al percatarse, y enseguida se percatan de ello, de que son semillero de chismes, detracciones y aun calumnias?
Pero esto merece capítulo aparte, ¡¡Los chismes!! que han motivado que un juicioso é ilustre chico, de aristocrática estirpe, que el pasado verano me acompañó mes y medio en el Puerto, le designase ingeniosa y propiamente con el nombre de Chismópolis y de chismopolitanos á sus habitantes. ¿Y porqué no estampar aquí su nombre? Don Ernesto Martín de Murga y Ayllón, que tuvo que abandonar indignado los sillones de la Peña, que algunas tardes ocupaba en unión del que esto escribe y de Paco Cervantes, ante las rechiflas de jóvenes groseros, excitados, según parece, por personas que por más consciente y que cobardemente se valían de jovenzuelos, insolentes, sí, pero incautos é inexpertos; dando origen á una cuestión personal con el más artero de estos muchachos, no llegándose á vías de hecho por la cobardía del molesto joven, que quedó perfectamente retratado es sus inolvidables y estupendas frases durante la discusión, que produjo gran escándalo y revuela.
Es bien sabido que en todos los pueblos que hay gran tendencia á ocuparse de la vida y milagros de cada uno, por efecto de un pequeño medio social; pero con las características tan especiales del Puerto, los que ya le conocemos bien, no tenemos noticia de que se cultive el chisme y la murmuración en ninguna parte. Porque, en primer término, las faltas contra el octavo mandamiento del decálogo suelen ser patrimonio especial del sexo femenino en general; pero en esta población, aunque las lenguas de las mujeres son también (siempre hablando con la generalidad correspondiente) diabólicas y viperinas, los hombres también cultivan el chisme y la crítica con un refinado ensañamiento digno de la más implacable bruja y por eso los sitios donde se resumen son semilleros de las más mordaces habladurías, y se convierten así los círculos en sucursales de plazuelas. Todo se comenta, se lleva la cuenta de las pasos y direcciones que cada uno toma al salir á la calle; por qué razón se dirige uno á la izquierda y no á la derecha; nada hay respetable ni sagrado, ni nadie se libra de un asquerosas babas. (...)
Fotografía 265: Rocas de la Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,9 x 10,6 cm.
Fotografía 266: Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,3 x 10,7 cm.
Fotografía 267: Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6 x 10,6 cm.
