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y porque ocupaba cómodo sillón en la puerta algunas tardes en unión de un chico del Puerto, que es muy querido de dicho aristócrata (lo que despierta la envidia y las consiguientes crueles críticas por parte de sus nada caritativos paisanos). ¿Cómo es, pues, posible que las personas de elevado plano social y de refinada educación no tenga que huir de tales sociedades, asqueados también al percatarse, y enseguida se percatan de ello, de que son semillero de chismes, detracciones y aun calumnias?

Pero esto merece capítulo aparte, ¡¡Los chismes!! que han motivado que un juicioso é ilustre chico, de aristocrática estirpe, que el pasado verano me acompañó mes y medio en el Puerto, le designase ingeniosa y propiamente con el nombre de Chismópolis y de chismopolitanos á sus habitantes. ¿Y porqué no estampar aquí su nombre? Don Ernesto Martín de Murga y Ayllón, que tuvo que abandonar indignado los sillones de la Peña, que algunas tardes ocupaba en unión del que esto escribe y de Paco Cervantes, ante las rechiflas de jóvenes groseros, excitados, según parece, por personas que por más consciente y que cobardemente se valían de jovenzuelos, insolentes, sí, pero incautos é inexpertos; dando origen á una cuestión personal con el más artero de estos muchachos, no llegándose á vías de hecho por la cobardía del molesto joven, que quedó perfectamente retratado es sus inolvidables y estupendas frases durante la discusión, que produjo gran escándalo y revuela.

Es bien sabido que en todos los pueblos que hay gran tendencia á ocuparse de la vida y milagros de cada uno, por efecto de un pequeño medio social; pero con las características tan especiales del Puerto, los que ya le conocemos bien, no tenemos noticia de que se cultive el chisme y la murmuración en ninguna parte. Porque, en primer término, las faltas contra el octavo mandamiento del decálogo suelen ser patrimonio especial del sexo femenino en general; pero en esta población, aunque las lenguas de las mujeres son también (siempre hablando con la generalidad correspondiente) diabólicas y viperinas, los hombres también cultivan el chisme y la crítica con un refinado ensañamiento digno de la más implacable bruja y por eso los sitios donde se resumen son semilleros de las más mordaces habladurías, y se convierten así los círculos en sucursales de plazuelas. Todo se comenta, se lleva la cuenta de las pasos y direcciones que cada uno toma al salir á la calle; por qué razón se dirige uno á la izquierda y no á la derecha; nada hay respetable ni sagrado, ni nadie se libra de un asquerosas babas. (...)

Fotografía 265: Rocas de la Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,9 x 10,6 cm.
Fotografía 266: Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,3 x 10,7 cm.
Fotografía 267: Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6 x 10,6 cm.

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no hay vicio, ni aun delito que no se atribuya con la más culpable ligereza y por las más frágiles y ligeras apariencias; y como es muy humano atribuir y hablar de aquello que nos llena y ocupa (ex abundantia ex cordibus suis?), suelen recaer con preferencia las murmuraciones sobre materias prohibidas en el sexto mandamiento, concubinatos, adulterios, sodomías; todo se atribuye como si la honra del prójimo fuera cosa baladí y no digna de respeto; apurando la nota hasta el extremo de que, si se habla de un adulterio, por ejemplo, no se limitan á atribuir el hecho pecaminoso á secas, sino que hasta llegan á afirmar que el hijo de la temerariamente toman por adúltera, no ha sido procreado por su marido, sino por quien los excesos más vergonzosos y por ende más secretos, dan tales detalles que parece que se han cometido ante ellos (lo que por fortuna desacredita á estos inverecundos y encallecidos chismosos).

Se goza en desbaratar noviages (sic), infernar matrimonios, destrozar santas amistades, imposibilitar beneficiosas protecciones, ahogar el agradecimiento, destruir una obra buena, ó echar abajo una útil institución, pues estas abominables y cobardes murmuraciones, si bien sirven para distraer el tiempo á los ociosos y vagos (estos chismosos y detractores pertenecen á todas las edades y sexos y á todas las clases sociales que forman la sociedad del Puerto), son producidas de ordinario por la envidia que es el más vergonzante y vergonzoso de todos los pecados. y por el incomprensible prurito de hacer mal, aunque este mal no reporte provecho alguno al que lo hace . Sé de una persona, y de las más notables por cierto, á quien he tratado como verdadero amigo y con quien he tenido las más responsivas confidencias, y que en mi casa me daba la razón, que á la espalda me consta que me ha tratado de indisponerme con alguien á quien quiero mucho y protejo, tratando (y consiguiéndolo) de infernarme con sus padres. Recuerdo también el maligno gusto con que otra caracterizada persona me hablaba no hace mucho tiempo del escándalo que, según ella, habían producido en el Puerto bromas tan inocentes como fingir en mi casa los gemidos de un duelo, y haber salido con mis familiares cierta noche en dirección al cementerio (quedándonos por cierto á la mitad del camino). El caso es mortificar, y nada (...)

Fotografía 268: Rocas de la Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Jorquera. Tamaño: 6,4 x 10,9 cm.
Fotografía 269: El Caballo. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,4 x 10,8 cm.
Fotografía 270: Playa Negra ó del Griego. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,3 x 10,7 cm.

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Acto inaugural de la cooperativa de la madera Santo Tomás. Reverso: sello con fecha, 30 Nov 1970

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