Mostrando 18368 resultados

Descripción archivística
Imprimir vista previa Ver :

7658 resultados con objetos digitales Muestra los resultados con objetos digitales

68

En reverso: "17-3-84. Fiestas de San José, Hotel Bahía". Con sello "Muebles Santo Tomás, S. A. Poeta Zorrilla, 21 Tel. 590259, Mazarrón (Murcia)".

68

Retrato de estudio de una pareja o matrimonio. Insc. rev.: "Querida prima Catalina y Ginesa Acosta, en prueba de mi cariño aquí os mando nuestra fotografía. Pedro y Sebastiana". Fotografías Rivadavia 2396 Buenos Aires.

68

Respecto á las mujeres dan también buen contingente á las malas costumbres. La prostitución oficial solo tiene un establecimiento en el Puerto, el inmundo burdel del Rihuete, donde hay cuatro ó cinco mujerzuelas de la más baja estofa y más barata cotización; pero su clientela es más bien forastera, pues pueden acudir allí los marineros de los barcos que hacen largas carreras. La juventud de aquí salvo raras excepciones, se abstiene, en general, de ir a la asquerosa zahúrda, y no ciertamente por virtud, sino por miedo á contagios ó por timidez; y si algunos van rara vez no es á consumar cópulas pasageras (sic), sino de broma y por petulancia, por creer, en su brutal ignorancia, que es cosa de hombres el trato con esas envilecidas, pero desgraciadas mujeres, que luego les sirve para sus ridículas y desvergonzadas jactancias en sus conversaciones, tratando de probar así una virilidad de la que carecen.

En cambio, la prostitución clandestina, secreto á voces, es muy numerosa, y todos conocemos buen número de mujeres fáciles, solteras y casadas, y muchas de estas con la tolerancia y beneplácito de los correspondientes maridos; sobre todo, cuando el envilecimiento de la esposa reporta dinero ó favor con personas influyentes; siendo también los padres en no pocos casos seguidores del mismo criterio con sus hijas. Estas uniones ilícitas son más frecuentes en hombres de posición y de mediana edad que en los jóvenes, que son únicamente muy lenguaraces y se jactan de lo que no hacen. Hay muchas parejas amancebadas, bien por descuido de casarse, bien por convenio vicioso, y las mancebas no inspiran repugnancia á las mujeres que por honradas se tienen, sino que las admiten complacientemente en su trato; y aun se da el caso de que los hijos e hijas ilegítimas del querido (en ocasiones de los más distinguidos de la localidad) traten como a madrastras y aun llamar mamá á la despreciable concubina de su padre. En la créme de aquí es cosa admitida y usual hacer queridas. No es en esto peligrosa la juventud masculina, que carece de valor y del ingenio, que siempre supone, aun en el orden inmoral, una conquista; con sus petulancias lenguaraces e indecentísimas, tal vez la frecuentación de lupanares al hacer algún viaje (lo que les da materia abundantísima para sus soeces conversaciones por largo tiempo, y siempre exagerando y mintiendo descaradamente) se dan por muy contentos. En ellos (y en ellas), la masturbación (hábito adquirido en su temprana edad con otros vicios deshonestos y el lenguaje más generosamente obsceno) es cosa corriente, y bien lo demuestran los descoloridos y ojerosos rostros de los aprovechados sujetos. Como síntoma, pues me consta otra (...)

Fotografía 210: Playa del Castellar y rodal de las azucenas. 1919. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,8 x 10,5 cm.
Fotografía 211: Efecto de luna en las salinas. Firmado a mano por F. Díaz. La luna está remarcada con lo que parece lápiz. Tamaño: 6,6 x 6 cm.
Fotografía 212: Las salinas. Firmado a mano por F. Díaz. Tamaño:5,8 x 6,2 cm.
Fotografía 213: Las salinas. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5 x 10,7 cm.

69

(..) osa, citaré también el caso de un padre, que no hace muchos años me decía, refiriéndose á su hija: «—¿No es una lástima, Don Agustín, que á Fulanita la disfrute otro, y yo no?». ¡Todo un poema del sentido moral de cierta gente!

Cosa sumamente corriente en esta población es el proxenetismo. La he indicado algo de la intervención, bien frecuente, de mujeres, de ordinario viejas, que excitan á los novios para que se lleven á sus novias y se amanceben con ellos (no es raro, como también he dicho, que son las madres las que se encargan de este nada bonito papel), y para ello recurren á toda clase de medios y de provocaciones obscenas que irritan el amor propio y la concupiscencia de inexpertos. aunque corrompidos, muchachos, que rarísima vez obran a impulsos atenuantes de un amor que no suelen sentir, aunque lo confundan con la petulancia, tan dominante en el Puerto. Verdad es que es muy grande la deshonestidad de estas repugnantes viejas, que usan obscenísimo lenguage, que pasan su vida haciendo lúbricas y crudas observaciones, y que algunas no raras veces, cegadas por senil pasión, brindan con sus marchitos encantos á jóvenes que, como es lógico, acaban por despreciarlas y reírse de ellas, y tampoco es raro que las tales mujercicas hayan perder la inocencia con sus conversaciones y descubrimientos insanos á inocentes niños, pues bastante practican en el Puerto aquel oficio que Don Quijote, en sus disquisiciones con los galeotes, calificó de muy útil para la república. Pero no se crea que es propio exclusivamente este oficio del sexo femenino en el Puerto. Ha habido y hay hombres (alguno ha habido de notoria visibilidad en esta sociedad) que proporcionan gustosos y complacientes, unas veces por desinteresado amor al arte y otras por móviles de interés, toda suerte de arreglos torpes (y en esto, como en cuanto escrito en este trabajo hablo en frío y solo de cosas que puedo dar fé); y hasta es sabido que un padre trató de entregar á su hija, mediante el cambio de una crecida cantidad, á liviandad de un notable, verdadero sátiro; como igualmente otro padre blasona de las dádivas que recibe de un rico individuo casado, á cambio de los favores de su hija; y bien conocidas son las complacencias de maridos y de padres para obtener utilidades de diversos órdenes. ¡Triste fruto todo ello de la carencia de sentido moral, secuela práctica de la falta de cimientos religiosos y de buena educación, que son perfectamente compatibles lo mismo con riqueza que con la pobreza!

También me parece oportuno hacer constar aquí lo usual que es en el Puerto la práctica del más brutal derecho de pernada, con los caracteres del feudalismo de la manera más grosera y plebeya por los cotorrones (los jóvenes no suelen usar) con sus viudas, en ocasiones parientas de los amos; estos, sobre todo (...)

Fotografía 214: Las salinas. Firmado a mano por F. Díaz. Tamaño: 5,8 x 10,2 cm.
Fotografía 215: Monte Gitano y barrio de las Cuevas. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,4 x 10,8 cm.
Fotografía 216: Barrio de las Cuevas. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,4 x 10,8 cm.

69

Retrato de hombre con camisa de cuadros

Resultados 2861 a 2870 de 18368