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(Des)punta esa gracia ática que en ocasiones disculpa y explica la risa en el orden moral al oír algún chiste ingenioso o cuento gracioso; aquí no hay nada de eso, sino que todo es tonta y brutalmente descocado. ¡Qué juventud! ¿Es de admirar que estos jóvenes no sean aptos para nada útil a sí mismo ni a la sociedad, y que en cambio sean materia abundísima? para toda clase de vicios. Y así pasan los mejores años en una vida estéril, lánguida, aburrida, como ellos mismos reconocen, sin aspiraciones, pero llenos de petulancia y de la soberbia más estúpida, y de ansias de manifestar neciamente una virilidad que no prueban de la manera más honrada que se debe, ni aun tampoco en los medios menos honrados y hasta culpables, pero que al menos supongan ingenio y esfuerzo, de que son incapaces; pues lo mismo en cosas buenas que malas, necesitan que se lo dén (sic) todo hecho. Y que tienen tales jovenzuelos completamente perdida la noción de la dignidad, lo prueban, entre mil casos que pudiera citar, estos dos: Cuando el año 1921 cuatro cinco preudo señoritos de estos molestaban á los concurrentes á la tómbola establecida con jóvenes piadosos, me decía el párroco, con voz muy alta y perfectamente oído por ellos y por los concurrentes, entre ellos muchas que pudieran interesarles: «—Ahí los tiene V., Don Agustín, mire V. qué completos sinvergüenzas». Y ellos no protestaban indignados, ni se retiraron siquiera, sino que siguieron allí, impertérritos y tranquilos, probando con su frescura la exactitud del duro calificativo con los que los designaba su cura. Este mismo verano, al hablar yo con personas respetables de las molestas visitas que en Junio me hacían esos desgraciados chicos, me decían por separado, pero únamimemente (sic): «—No sea V. tonto, Don Agustín, dígales que le molestan á V. y se irán, sin que se incomoden por eso, pues están acostumbrados a que los echen de todas partes, porque no hacen más que molestar donde quiera que van». Y es verdad, ni se avergüenzan y ni siquiera se incomodan. Pero se las dan de hombres corridos; cuentan y se jactan de aventuras fantásticas y que son incapaces de realizar; y sobre todo, no se acuestan ni retiran hasta lo menos las 12 de la noche, utilizando los llavines que imprudente y previamente les dan sus padres, para no tenerles que esperar; y aunque, con tal de trasnochar se queden dormidos en los sillones de la Peña; es insultarles poner siquiera en duda que son grandes trasnochadores. Aun recuerdo la ridícula protesta de uno de estos chicos, de 16 años á la sazón, que al contestar yo á una carta suya y decirle, por llenar papel que, como era in- (...)

Fotografía 204: Playa de Nares. 1919. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,3 x 10,8 cm.
Fotografía 205: Playa de Nares. 1919. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,3 x 10,9 cm.
Fotografía 206: Villa la Purísima. 1919. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,5 x 10,8 cm.

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Retrato de estudio de un hombre y su hijo. ¿Fotografía Zamora, misma peana?

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En reverso: "17-3-84. Fiesta San José, Hotel Bahía". Con sello "Muebles Santo Tomás, S. A. Poeta Zorrilla, 21 Tel. 590259, Mazarrón (Murcia)".

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(in)vierno me figuraba que se acostarían á la hora de las gallinas, me escribía protestando indignado: «—Se equivoca V., que no nos acostamos a la hora de las gallinas, sino siempre después de las 2 de la noche». Y lo notable es que su vida es aburridísima.

Es lógico y natural que con tales principios religiosos y de educación y con tal sistema de vida, reine el vicio en todas sus manifestaciones, pero siempre con carácter cínico, grosero y repugnante, sin los disfraces ni refinamientos que le hacen lo mismo entre pobres que acomodados; y no me refiero a eutropélicas partidas de billar ó de dominó, que tan buenos jugadores cuenta aquí, ni de siete y media ni otros juegos de naipes que en las noches invernales atraen a las casas particulares á animadas tertulias, lo que en sí nada tiene de censurable, si a los juegos de prendas á que tan aficionados son en estas tertulias. Me refiero á los juegos prohibidos, que se juegan descaradamente en los dos círculos de recreo y en el café de Ballesta por personas de variadas condiciones y edades. Y los jóvenes entretienen su permanente ocio y gastan el poco tiempo que tienen en el bacarrat (sic), la ruleta, el monte, etc, hasta horas avanzadísimas de la noche, alternando en las partidas con culpable y escandalosa lenidad, con personas de mayor edad y tenidas por serias y formales, que aunque muy mal está que jueguen, son siquiera editores responsables de sus actos. Y ninguna cortapisa ponen las juntas directivas de los círculos a un vicio tan funesto, sobre todo en jovenzuelos, casi niños, que son tan asiduos y activos concurrentes á las salas del crimen, cosa que en ningún casino serio ocurre fuera de este indisciplinado pueblo. ¿Qué más? Uno de los chicos que han adquirido más merecida fama de tahúr, es hijo de uno de los vocales de la junta directiva de la Peña, teatro de sus pruebas á la mente y no prohíbe á su hijo la entrada en la sala del juego, ni ordena á los dependientes del círculo que no lo dejen ingresar allí, y á la vista del padre juega; verdad es que se dice que cuando el chico gana, da participación de sus ganancias como propina á su padre cuando está presente. ¿Cabe mayor relajación? Y después, para hacer efectivas las cantidades perdidas, según la ley del juego, y lo mismo en los lícitos que en los prohibidos, son frecuentes las faltas de escrupulosidad y hasta se niegan estas dendas (sic) á veces; lo contrario precisamente de lo que entre personas bien educadas, por viciosas que sean, sucede siempre, puesto que en el juego es precisamente una de las ocasiones en que se demuestra la educación de cada uno.

Fotografía 207: Villa la Purísima. 1919. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,8 x 10,4 cm.
Fotografía 208: Punta de Castellar. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,6 x 10,5 cm.
Fotografía 209: Playa de Castellar y rodal de las azucenas. 1919. Firmado a mano por F. Paredes. Tamaño: 6,2 x 10,7 cm.

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