- Agrupación por soporte
- 1918
Parte de FONDO FOTOGRÁFICO
Además les miman con exceso, les complacen en todo lo que pueden, haciéndoles ineptos para la lucha de la vida, les visten primorosamente, aun con una indumentaria que no corresponde a su clase, sin ver el ridículo efecto que produce, por ejemplo, ver a una chica, hija de un trabajador, vestida con traje de seda, y acompañada por sus padres, que calzan alpargatas, sin medias ni calcetines y con trajes remendados muchas veces, perdiendo por completo así la fuerza moral. Solo son rígidos y severísimos en el uso del tabaco, y consideran la mayor falta de respeto que sus hijos ante ellos hasta edades ya de muy entrada virilidad; lo cual es otro convencionalismo que suele extenderse aun a sobrinos y nietos. Conozco a un sacerdote, natural de este Puerto, que tiene además 46 años, y aun no fuma delante de su padre, esta falta de energía e ignorancia de los más elementales deberes paternales se traducen, unido a la indiferencia religiosa, en una completa pérdida del respeto que todo hijo debe a los autores de su vida, que acaba por avergonzar a estos. Un caso auténtico lo ha de demostrar: Ya era grandecito un muchacho del Puerto, y como, estando en una tienda de Cartagena con su madre, esta se negase a comprarle un juguete, el chico la insultó con la frase que pronuncian apenas empiezan a balbucear: «—¡Hija de puta!» y como la madre, sofocada ante la dependencia del comercio aquel, contestare, disimulando, a su hijo: «—Ya se lo diré a tu madre cuando vayamos a casa», el chico la replicó indolentemente: «—¡Pero si eres tú mi madre!». También se dan casos de hijos que maltratan y pegan a sus padres. Tristísimas consecuencias que tocan estos, cuando ya es tarde y no hay remedio, de la pésima educación que han dado a sus hijos. Verdaderamente que los padres estos no saben ser padres.
Otra prueba ordinaria y corriente de (...)
Otra prueba ordinaria y corriente de esto, y que a la vez manifiesta una absoluta carencia del más elemental sentido moral. Como reminiscencia moruna, común en estas provincias, es cosa corriente que los novios saquen a sus novias de las casas paternas, y después de deshonrarlas (si ya no lo están) se casen con ellos. Esta costumbre es práctica corriente en este Puerto, y aquí la llevan a cabo hasta chicos de 16 años, más veces por petulancia, otras por excitación libidinosa de la novia, muchísimas por la intervención y espíritu propenetil (sic) de viejas corrompidas, no pocas por el inventivo del mal ejemplo y rarísima vez con la atenuante del amor. Pero lo extrañamente peculiar de esta población, lo inmoral, lo repugnante es que los novios conducen a las novia a las mismas casas de ellos, y los padres del chico, en vez de devolver a la muchacha a su casa paterna, (...) no se arregla todo lo necesario para el casamiento, al contrario, admiten a la pareja, que allí mismo, en la casa y familia natal del novio, viven en público amancebamiento, a la vista y en convivencia con los padres de él, que hasta les preparan lecho para su concubinaria pernoctación, acreditando así su falta de sentido moral y acabando (...)
Fotografía 195: Punta de la Cebada y Junta de las Mares. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,1 x 10,1 cm.
Fotografía 196: Inmediaciones de la punta Cebada. 1918. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 3,4 x 10,8 cm.
Fotografía 197: Punta de la Reya. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6 x 8,2 cm.
