- Agrupación por soporte
- 1922
Parte de FONDO FOTOGRÁFICO
(...) o menos de las demás poblaciones; los del Puerto ofrecen un modo de ser sumamente complejo, complicado y diferente de otros pueblos. ¡Y ojalá yo, que tanto quiero a este Puerto, no tuviera que pasar por el dolor que sentiría un hijo al hallar de los defectos de su madre, un cariñoso amigo obligado a descubrir las faltas de aquel o quien el cariño convierte en alter ego, más bien que en un hermano! Y que es muy grande mi amor a esta queridísima población, bien lo acredito con el afán que la tengo, en las cada vez más largas temporadas que en ella pero tan voluntariamente y mi forzosa necesidad, y en el placer con que en Madrid veo y recibo a cualquier habitante del Puerto. Insisto mucho en esto, a pesar de que por ser tan notorio parece redundante e innecesario pleonasmo, por lo mismo que al hacer este trabajo, por muy voluntario que sea, he de ser fríamente imparcial y emitir juicios juntos, desapasionados y claros hasta el realismo, hallando, sí, de sus buenas cualidades, pero también de sus defectos que son ¡ay! muchos, muchísimos, y que forman un medio ambiente infeccioso, que suele contagiar a los extraños al Puerto, pero que le habitan permanentemente algún tiempo. ¡Ojalá, amadísimo Puerto, pudieras conocerte bien, invitado como a otra Jerusalén, y poner remedio a tus males, de que tú eres solo causa, y que en último caso única y privativamente a tus hijos perjudica!
Comenzando este estudio principal y fundamental de toda sociedad, o sea por el aspecto religioso, debo decir que los naturales del Puerto son en general bastante indiferentes, y son en muy escaso número los que practican los preceptos amorosos de nuestra sacrosanta religión (por supuesto, la comunión cotidiana solo la reciben cinco o seis mujeres); rarísimo es el hombre que comulga para cumplir el precepto, y muy pocos los que van a Misa los días festivos (verdad es que lo mismo sucede en el sexo femenino, nada devoto en este Puerto), más bien por respeto humano y mala educación religiosa que por verdadera impiedad. La inmensa mayoría de los moribundos expiran sin ser confortados con los Santos Sacramentos, o cuanto más, solo reciben la Extrema-Unción cuando tiene el conocimiento perdido, pues es cosa corriente el diabólico temor de que se asusten los enfermos al ver aproximarse a su lecho al sacerdote, al que muchas veces las esposas, madres, hijas y hermanas no han permitido siquiera la entrada en la alcoba, que pronto se convierte en capilla ardiente. No es esto desgraciadamente cosa exclusiva del Puerto, sino también frecuente en otras partes. Las dos especialidades en materia religiosa que ofrece esta población son las siguientes:
Ya he dicho que estos (...)
Fotografía 170: Playa de la Isla desde el Cabezo de la Cueva del Agua. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 5,3 x 10,7 cm.
Fotografía 171: Playa de la Isla de desde el Cabezo de la Cueva del Agua. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6 x 10,5 cm.
Fotografía 172: Monte de la Cueva del Agua. 1922. Firmado a mano por F. Soroa. Tamaño: 6,2 x 10,8 cm.
