actividad hasta la fecha. Esta nueva y poderosa industria motivó en el Puerto una enorme inmigración de obreros almerienses, sobre todo Garrucha y Vera, que aumentó enormemente la población del Puerto; y aunque en un principio mantenían estos forasteros su carácter de extraños, con el trascurso de los años se han ido fundiendo con el elemento indígena por sucesivos matrimonios, como era natural. Con esta enorme invasión obrera vinieron varios empleados de la Compañía, alemanes unos, almerienses otros, y todos ellos de clase muy inferior, pero que fueron progresando y enseñoreándose, en términos tales que los que vinieron (a los pocos años) el 1885, vestidos con los modestos trages propios de la clase inferior de la sociedad, se habían transformado en caballeros, al menos en apariencia, pues ya tenían dinero; y lo que es más aun absorbieron de tal manera la dirección de los asuntos del Puerto, que se impusieron á sus naturales y en pocos años acumularon completamente su influencia incluso al de los Sres. Gómez, que en vano trataron de resistir, como expondré más adelante, quebrándose la soga por lo más delgado, como se dice vulgarmente, y como en este pícaro mundo suele suceder siempre. Y como en Mazarrón las mimas habían hecho con muchos advenedizos, de igual modo en el Puerto la fábrica de funición dió lugar á bastantes nuevos ricos, postergando, como digo, al elemento autóctono del Puerto. Fué el primer ingeniero director de la Compañía Metalúrgica herr Ernesto Greif? y con él vinieron los alemanes herr Gustavo Roth y Hummer (estos dos últimos modestísimos contramaestres, casados con las difuntas María Flores y María Sevilla, de humildísimo origen, y que se naturalizaron por fin en el país), el gerente D. Pedro García Caparrós (también de modestísima extracción social, pero que acabó por asumir la principal personalidad del Puerto, pues hizo rápidamente una buena fortuna), los hermanos Soler, etc. Los naturales del Puerto que aspiraban á prosperar, necesitaron ponerse desde este año bajo el protectorado de la nueva y poderosa Compañía (no olvidemos que mi padre había muerto), y solo así han logrado hacer fortuna Francisco Javier Hernández Izquierdo y otros varios.
¿Ha sido para el Puerto un bien ó un mal el establecimiento de la fábrica de la Compañía Metalúrgica? Si consideramos la enorme vida que le trajo con el tremendo aumento de población que proporcionó y las comodidades materiales subsiguientes, como nuevos establecimientos de comercio, mejora notabilísima de las vías de comunicación y gran aumento de la vida del muelle y bahía, como también el innegable embellecimiento de la localidad, es indudable que fué una ventaja la erección de dicha fábrica. Pero anuló, como he dicho, la vida propia y la influencia local, que pasó á manos de los advenedizos forasteros, trastornando la marcha de la anterior actividad del Puerto, cuyos pobladores indígenas, salvo unos pocos, apenas han sacado directamente ventajas de la nueva industria, cuyos operarios eran todos forasteros; y estos forasteros hasta hicieron desaparecer las costumbres típicas locales, pues hasta los curiosos y estéticos bailes, que antes eran característicos de la población y que yo presencié en mis primeros viages al Puerto, y los lindísimos trages de refajonas con que para estos se ataviaba la juventud femenina, desaparecieron como por ensalmo al ocurrir la invasión almeriense. Nadie podrá negar que las mismas ventajas materiales que ha reportado la Compañía Metalúrgica nunca tuvieron efecto con ánimo de beneficios en el pueblo, sino siempre por su propio interés, como lo prueban numerosos detalles, y cuando los intereses de la localidad y de la Compañía resultaban encontrados, siempre esta última utilizaba (y utiliza) su influencia en sacrificar los intereses locales á los del suyo particular. Bien sabido y público es que la causa de no haber puerto, ni por consiguiente vía férrea que uniese con Cartagena ó con Totana, ha sido la incomprensible oposición de esta Compañía, que así sacrificó la conveniencia tan grande é interesante en este caso para esta población á su beneficio propio; como del mismo modo se opuso á que el Puerto fuese Municipio independiente de Mazarrón. Y la apatía de los habitantes del Puerto no ha sabido hacer más que resignarse mansamente y ceder el puesto y la primacía á estos negociantes forasteros, y aun extrangeros, supeditándose á ellos, y quedando, hasta los más con(...) en segundo término. De todos modos, tal y como están hoy las cosas y mezclada la población indígena con la advenediza, ya es necesaria esta fábrica al Puerto, que sin ella hoy ya no tendría elementos de vida.