los vecinos del Puerto. Por fortuna, pronto desapareció la tal logia, pues ya en 1889 estaba instalada en esa casa la fonda de Juliana (única del Puerto, subsistió hasta el 1920), y ya no se vuelve á hallar de masonería en esta población; los que pertenecieron aun á ella, formarían parte de las logias de otras poblaciones marítimas, sobre todo de Barcelona y Cartagena, tan relacionadas con el Puerto.
El comercio marítimo del Puerto estaba bastante desarrollado, y el aumento de industria lo fué desarrollando más y más, haciéndose ayer algunas fortunas, como sucedió á Juan Antonio García, Antonio y Andrés Hernández, Bartolomé Oliva, los Méndez, Heredia, Yúfera y otros patrones de cabotage y comerciantes marítimos de las cuales subsisten algunas, y otras se han perdido, á semejanza de los dineros del sacristán. Cnservo cuidadosamente la estadística de los barcos de la matrícula del Puerto desde 1889 hasta la fecha, y se nota su mayor prosperidad hasta el año 1896, pero desde esta fecha va la navegación de esta matrícula en rápida disminución, pues desde 29 barcos con que contaba la lista en los años 1889 y 1895, se ha bajado á 11 con que cuenta al terminar el 1923 (uno de ellos el vapor CAROLINA de la Compañía Metalúrgica, que es uno de los medios de comunicación más usados con Cartagena). Vienen numerosos barcos forasteros y extrangeros, veleros y vapores, á este Puerto, si bien cada vez en menos número, habiendo tenido yo ocasión en estos últimos años la bahía desierta, cosa que antes jamás sucedía; aunque ahora parece que resurge un poco el movimiento, todo lo cual hace ver que el incremento tan brusco que tomó el Puerto á partir del año 1885 era más aparente que real. La pesca siguió en iguales proporciones que antes, apareciendo en 1908 el nuevo arte pesquero de la mamparra ó pesca con luz de acetileno, que en concepto, no solo mío, sino de muchas personas más competentes que yo en la materia, es sumamente perjudicial á la industria pesquera en general.
Ya hemos visto que D. Martín Mulet fué removido de la Ayudantia, como víctima propiciatoria del año 1891. Su sucesor fué el teniente de navío del la escala de reserva D. Alfonso Rovina y Luque, de familia muy distinguida, aunque de carácter desagradable y atrabiliario. Fué relevado el 1894 y le sucedieron varios ayudantes de la clase de pilotos, entre ellos uno, propietario del falucho SAN FRANCISCO y D. Vicente Ripoll el año 1901. Por este tiempo la Capitanía de puerto contaba ya solo con un cabo de mar (Cristóbal Lorente), en vez de los dos de plantilla que tenía en tiempo del Sr. Mulet. El HHh. Ripoll fué el último ayudante de la clase de pilotos, pues por reformas de personal de Marina y creación de la escala de tierra en el Cuerpo General de la Armada, se reservaron estos destinos para oficiales de esta escala; por esto fué ayudante del Puerto en los años 1902 y 1903 D. Diego Alesón?, teniente de navío, persona dignísima y bondadosa, reemplazada en 1904 por el de igual graduación D. Francisco Javier de Gaztambide y Delgado, perfecto caballero, que tuvo mucho trato con nosotros, pues había jugado en su infancia con mi hermano, de cuya edad era: guárdamos muchas deferencias; este señor tuvo como escribiente a D. Martín Mulet hasta el fallecimiento de este, y desempeñó el cargo dignísimamente, teniendo algunos disgustos con Juan Hernández Izquierdo, por sus desatinos en la fábrica del esparto que empezó á construir en la Reya. Por ascender á capitán de corbeta el Sr. Gaztambide á fines de agosto de 1906, le reemplazó el teniente de navío D. Juan Cano y Vélez, natural de Mazarrón é hijo de íntimos amigos de mi familia materna. D. Juan Cano ha sido el ayudante que ha desempeñado más tiempo este destino desde los tiempos de Martín Mulet, pues lo ocupó hasta su ascenso en 1918. Aun cuando la neurastenia que padecía le hacía manifestarse á veces atrabiliario y desagradable (como lo prueban los disgustos que tuvo con mi madre en 1907 y 1911), no cabe duda que era justiciero y rígido cumplidor de su deber, imponiéndose á aquella indisciplinada gente, entre la que no contaba por lo mismo con ninguna simpatía, protegió a los hijos de D. Martín Mulet (que por cierto en nada se parecen á su padre y á su abuelo) teniéndolos sucesivamente empleados como escribientes; fué el primer ayudante que hizo celebrar la función de Nuestra Señora del Carmen y funeral al siguiente día con asistencia oficial de los marinos y adornando al efecto la iglesia el año 1907 (que fué cuando tuvo el grave disgusto con mi madre, que ya he referido oportunamente), velo siempre, como los Sres. Alessón y Gaztambide, escrupulosa...