tan mal parados, como igualmente la religión, frecuentando en cambio el trato, en invierno y verano, de las personas piadosas y honradas, lo mismo ricas que pobres; logró la conversión de algunos encallecidos pecadores; se manifestó siempre caballeroso (en tales términos que mi madre que mucho le estimaba, dijese de él que parecía un verdadero caballero de abolengo), obsequioso, desprendido, caritativo y rumboso; consiguió para su parroquia el privilegio del jubileo de la Porciúncula, que celebraba con gran solemnidad (y que dejó de celebrarse solemnemente al marcharse él del Puerto); traía frecuentemente confesores extraordinarios para mayor libertad de sus feligreses; en su sabia prudencia, no se dejó sorprender por aparatosos pietismos ni por hipócritas apariencias; en una palabra, se mostró como un modelo de párrocos celosos y dignos. Pero no se doblegó ante las imposiciones de los nuevos ricos y mantuvo entusiasta su dignidad sacerdotal, por lo mismo que nada le podían echar fundadamente en cara (él no cobraba de los vapores, como algunos antecesores hacían) y esto le acrecentó los disgustos, por lo que un Prelado no trasladó a Pozo-hondo, pero dejando con las personas honradas y piadosas un indeleble recuerdo. Tuvo lugar su traslado el 27 de Enero de 1907; y le sucedió D. Francisco Pérez Aguilar, de funesta memoria, que, sobre unirse con suicida falta de compañerismo á los detractores del dignísimo Sr. Marín, se manifestó descuidado y apático en el cumplimiento de su ministerio, tuvo en el verano disgustos con nosotros (lo que es un mal síntoma) y se manifestó imprudentemente populachero en grandes francachelas con los jóvenes de la localidad, lo cual le mereció al principio generales simpatías, exageradamente entusiastas y después, como consecuencia también del versátil carácter de estos feligreses, objeto de críticas tan escandalosas (y según yo creo, infundadas) que dieron lugar á ser despojado de su cargo, como consecuencia de un vergonzoso expediente, en Junio de 1908. Virtuoso, sabio, prudente y modelo de confesores fué su sucesor D. Juan Antonio Zamora y Benítez, en cuyo tiempo y por un nuevo arreglo parroquial, adquirió la del Puerto la categoría de parroquia de entrada, siendo por tanto el Sr. Zamora cura (...); lástima grande que su debilidad y su ridículo terror á las críticas, como exagerado efecto del funesto ejemplo de su antecesor, desluciesen por su falta de energía sus demás buenísimas condiciones, pues era celosísimo y muy cuidadoso del decoro sacerdotal, que resguardó no asistiendo á peligrosas tertulias, como los Sres. García Roldán y Marín, siendo también un buen amigo nuestro. En las oposiciones á curatos, obtuvo en propiedad la parroquia del Puerto D. José Antonio Guerrero y Martínez, que se posesionó de ella en Abril de 1913, cesando entonces por consiguiente en el cargo el Sr. Zamora. Ya me he ocupado de mis relaciones con el Sr. Guerrero en el curso de esta otra. Aquí solamente diré, con la mayor imparcialidad, que es persona de claro talento natural, pero de escasísimo conocimiento del mundo, aunque si es muy conocedor de las intrigas pueblerinas, entre las que siempre ha vivido, pues el Puerto es la población más importante en que ha tenido cargo; en general muy estimado por sus feligreses más distinguidos, pues paladinamente se ha inscrito en las huestes de los que ejercen la hegemonía actual, es decir, de la Compañía Metalúrgica y de las personalidades que de ella viven. Es muy activo, logrando la edificación de la torre de la iglesia con su reloj el 1914, el ornato de los altares, algunas donaciones de mi madre y mías y de otras personas, y haciendo otras numerosas y aparatosas reformas y mejoras en la iglesia, y haciendo procesiones en Semana Santa, para lo cual logró la adquisición de las correspondientes efigies, pues da más importancia á estas muestras externas de culto que no pone bien en sí mismas verdadera piedad, que á la formación de los corazones y reforma de las costumbres, de lo cual, á la verdad, no se preocupa mucho como lo prueba el hecho de que no se ocupa de fomentar el sentimiento religioso en sus más asiduas contertulias (este señor sigue, respecto á tertulias (y á otros asuntos) un criterio muy distinto del de sus antecesores los Sres. García Roldán, Marín y Zamora), cultiva más el trato de las gentes conservadoras que de sus feligreses pobres, no siendo nada desinteresado, y no dando en su trato la preferencia debida á las personas verdaderamente piadosas; pero su principal defecto es su tendencia á dominar á todo el que trata, á la vez que ser poco refractario á acoger chismes y habladurías. Por mandato del Obispo, se dieron misiones en el Puerto...